abril 16, 2008 – 12:01 AM
Bueno, en realidad no estuve a punto de morir, pero me encantan los títulos sensacionalistas.
El caso es que andaba por mis veinte años y estaba saliendo con una chica de mi misma edad que se llamaba Sonia. Ella residía en una ciudad distinta a la mía, así que nos veíamos poco. Solía venirse una o dos veces por mes a pasar el fin de semana al piso de estudiantes en el que entonces yo vivía. Para ello necesitaba inventarse alguna excusa creíble con la que engañar a sus padres, y no siempre conseguía hallarla. Como es obvio, durante cada uno de aquellos esporádicos encuentros aprovechábamos bien el tiempo para saciarnos sexualmente, así que caían dos polvos por día, los cuales espaciábamos convenientemente. Yo jamas sufrí ningún desfallecimiento sexual, salvo cuando ella llegaba el viernes y se iba el domingo: en este tercer y ultimo día a veces me costaba empalmarme sin su ayuda. No obstante, con su habilidosa lengua Sonia siempre conseguía echar a funcionar mi viril instrumento, y jamas volvía a su casa sin haber exprimido antes mis capacidades amatorias.
Un sábado de aquellos salimos de marcha por la noche y llegamos bebidos al piso. Le cayo el primero de aquel día en cuanto pisamos la habitación. Tras un largo rato de arrumacos y susurros, llegó el momento de echarle el segundo para acabar la noche y formar un oportuno trío con Morfeo. Pero, inexplicablemente, me corrí antes de tiempo durante el segundo coito. ¿Por que? ¡Ah, grandes misterios de la naturaleza humana cuya respuesta solo El Divino conoce!
Un amigo que tenia por aquel entonces solía referirse acertadamente como «la polla de plástico» al pene infuncional que se te queda cuando andas en estado de embriaguez etilica. Y es que, como todos sabemos, el alcohol en exceso altera la respuesta sexual del hombre, de tal forma que cuando follas estando demasiado bebido la metes y la sacas, la metes y la sacas, la metes y la sacas… pero nunca te corres: parece que tuvieras entre las piernas un inerte cacho de plástico. Por otra parte, si no se espacian los coitos lo normal es que vayas notando que cada vez te cuesta mas terminar como Dios manda, así que el de aquella noche fue, sin lugar a dudas, el caso de eyaculacion precoz mas asombroso de toda la entera historia de la humanidad.
Volvamos a donde estábamos. Sonia se quedo un poco planchada tras el fallo de mi instrumento amatorio, y con un largo silencio acusador acompañado de algunos forzados suspiros me dijo sin necesitar abrir la boca: «No me dejes a medias, maldito inútil». Así pues, por consideración hacia mi amada me anime a echarle un tercer polvo para no dejarla con las ganas. La enfile por detrás, y estuve dale-que-te-pego durante un buen rato. Como aquello se alargaba demasiado tiempo, lo cual era normal dadas las circunstancias, aumente mucho el ritmo de penetración con la esperanza de terminar de una puta vez… Y mientras en mi cabeza se formaba un cóctel de materia gris y alcohol por tanto traqueteo, en mis oídos se mezclaba el rechinar de la cama con los gemidos de Sonia, que se lo estaba pasando en grande a costa de mi sufrimiento.
Cuando por fin termine, sufrí un pequeño mareo y me deje caer en la cama totalmente exhausto y medio asfixiado. Ella se percato de mi lamentable estado físico, y se fue a la cocina a por algo con lo que reanimarme un poco: una naranja… Si, una jodida naranja. La peló y fue metiéndome gajos en la boca, los cuales yo iba masticando con lentitud tal como un viejo achacoso zampándose parsimoniosamente su papilla. Entre gajo y gajo, de mi garganta escapaba un tenue silbido que parecía anunciar la triste hora de mi muerte. Ademas, las sombras que la lampara arrojaba sobre la pared se me antojaban ángeles del infierno, que me miraban como diciendo: «Tú, el follarin, arderás en el fuego eterno para expiar tu soberbia sexual, cacho de imbécil». Afortunadamente, al poco el silbido se transformo en ronquido y tuve un profundo sueño de borrachuzo feliz.
Cuando desperté, tras disfrutar con los cinco sentidos de la gloria de sentirme vivo, jure, pene en mano y con los huevos encogidos, no volver a echarle tres polvos seguidos a una hembra por el jamas de los jamases. Así he hecho hasta ahora. Es mas, cuando ando con ganas me doy al largo-fornicio, y rara vez me animo a un segundo.
Pregunta: ¿Cual ha sido el máximo numero de polvos habéis conseguido echar en un solo día?
PD: Absténganse de responder charlatanes, fantasmas y pajilleros esquizofrenicos. Cualquier respuesta que aparente ser un farol sera borrada ipso facto.
Mas: * Follarme a una virgen
Tags: preguntas al lector, relatos
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